Somos el segundo país de la Unión Europea con el mayor porcentaje de población en situación de pobreza, el 20% de los españoles es pobre, es decir, más de ocho millones de personas de este país carecen de los recursos y medios suficientes para acceder y cubrir las necesidades básicas de una vida digna.
Así lo dice un informe elaborado por la Comisión Europea, según datos de 2007, cuando aún la crisis económica estaba escondida en las mesas de los despachos de los gurus de la economía.
Ahora, con la crisis en su punto más álgido y con cerca de cuatro millones de parados con pocas posibilidades de recuperación, el análisis más optimista no puede ser nada esperanzador, seguiremos siendo un país de pobres, de pobres resignados a ser pobres congénitos, sin posibilidad de cura ni remedio a lo que es la identidad de nuestra propia naturaleza.
En España da igual quien gobierne, la derecha crea pobres desde la desigualdad del capitalismo extremo, y la izquierda desde la igualdad miserable del proteccionismo intervencionista. Ni la izquierda ni la derecha de este país ha sabido adaptarse, a lo largo de treinta años de democracia, a las formas de política civilizada, de izquierda y derecha, que gobierna en aquellos países a los que queremos parecernos.
Mas tarde que temprano esta crisis económica pasara, el paro bajara, las familias y las empresas volverán a endeudarse, la inflación indicara que la demanda se ha reactivado y que la recuperación económica es un hecho irreversible. Todo volverá a ser como antes, España seguirá siendo la 8ª potencia del mundo y el primero o segundo país con mayor porcentaje de población en situación de pobreza de la Unión Europea.
Quizás tengamos que asumirlo como un hecho genético que afecta a todos los ámbitos de nuestra vida y admitirlo así para seguir viviendo. No es vergonzoso nacer pobre, lo es el llegar a serlo por las acciones torpes de quienes confiamos para no serlo. Quizás ha llegado el momento de que los pobres de este país empiecen a razonar.

